domingo 13 de diciembre de 2009

Tras votar, queda un dedo entintado...

Un dedo con tinta. Camino orgulloso porque una vez más cumplí con mi deber cívico. Henchido el pecho al ver ese moretón morado que al intentar sacarlo con el papelito que te dan, más un poco de aguita potable con fluor, una vez llegado al baño del colegio -clásico lugar de votación, me desparrama y mancha los otros dedos con la bendita tinta.
Momentos antes, todo se detuvo antes de pasar mi dedo sobre el tintero, satisfecho de la clara consciencia de lo que vivía. Ejercí con pasión, ¡esa presión sobre el tintero!. Unos pasos más allá, pasada la embobada emoción y mirando mi dedo con tantita tinta, me pregunté:
¿Quién me obligó a ser tan pa'o? Ni como si quienes hacían en ese momento de agentes del Estado me gritaran: ¡¡pon todo el ancho del dedo y presiona con fuerza sobre el tintero!!, ¡hijo de tu madre! Ni que hubieren empujado mi cabeza y hundido posteriormente sobre una cubeta con agua. Al tiempo que buscaran mi mano para presionar con firmeza mi pulgar sobre el bendito tintero. ¡¡Pero nada de eso pasó!! En su lugar, finalizada mi votación sin incovenientes, solo me dijeron con amable y cortés reverencia de cabeza: "Sr. le comunicamos que la salida es por el sector Oriente". Y al yo marcharme, desviaban sus ojos hacia mi vistoso dedo con tanta y voluntariosa tinta y meciendo tristemente la cabeza de lado a lado, pensaban:
"¡puta que es hueón este!"
Asi que, finalmente y ya llegando a casa. Para sosegarme un poco ¡me meo sobre una piña a freir a rato!.