EN CLASES
Profesor: ¡Jóvenes!, ¿creen en el viejito Pascuero?Alumnos: (sonrisas y con nostalgia y algo de desencanto) ¡No!
Profesor: jóvenes, ¿creen el ratón del diente de leche?
Alumnos: (sonrisas y con muecas de burla) ¡No!
Profesor: Bueno,... supongo que ya están demasiados grandes para esas cosas. Entonces les hago la siguiente pregunta:
¿Creen en Dios? (Silencio en la sala)
¿Acaso no es lo mismo? (Caras de pasmo, incredulidad, pena). Quizás por sus propias inoperancias para justificar la existencia de Dios o como por el que lo dice, no sabemos...
Algunos débiles balbuceos, palabras sin lógica se dejan oír a veces.
Algunos débiles balbuceos, palabras sin lógica se dejan oír a veces.
Después de un breve minuto (si, lo se, todos los minutos miden lo mismo) de silencio en la sala de clases. Con las caritas de los alumnos atentas al profesor, es que comparto con ellos (y pese a mi irreverencia con el tema) lo importante y positivo que es para la vida de uno creer en la existencia de Dios. Mientras pienso “son jóvenes, merecen creer...”
Pero Dios, ¡si es que existes!,... acompáñame. ¿Creo que no querías que lo intentara en esta vida sin ti?
¿Quieres darme anticipación a la miseria que viene de mi extrema soberbia?
¡Hazlo! ¡te reclamo!
más humildemente... simplemente hazlo...
¡Hazlo! ¡te reclamo!
más humildemente... simplemente hazlo...